COMENTARIOS CRÍTICOS


COMENTARIOS CRÍTICOS 
La opinión de otros escritores y poetas sobre la obra de Manuel Pereira

JOSÉ LEZAMA LIMA escribió en 1970: "Manuel Pereira es un escritor cuya alegría secreta es capaz de fabricar una mañana y sostener la luna con el hilo de la imagen".
ALEJO CARPENTIER, tras leer la novela El Comandante Veneno, le escribió a Manuel Pereira en una carta fechada en París, el 12 de Febrero de 1978:
"Su novela es excelentísima, y debo decirle que me entusiasmó desde las primeras páginas... la idea central y los datos están presentes. Pero se nos van dando, por sí solos, a través de la obra literaria, con toda la poesía de lo insólito y lo 'real maravilloso' de nuestras tierras... Hace usted una literatura esencialmente cubana, pero cuando usa de un localismo propio de un ambiente muy particular, tiene usted el cuidado -y así debe ser- de colocar a continuación una palabra o un adjetivo que explican lo anterior, sin que tengamos que recurrir a un glosario. Sus personajes y usted, hablan "en cubano", pero su cubano es siempre inteligible para un lector situado a distancia. (Acertada manera, esta, de universalizar lo nuestro.)... Es usted un novelista nato. Y esto se advierte muy particularmente en algunos 'trozos de bravura' que tiñen el relato de magia".

JULIO CORTÁZAR, en junio de 1978, al comentar la novela El Comandante Veneno, de Pereira en el diario "El Nacional", de Caracas, escribió: "El libro de Pereira se cumple linealmente como la crónica de una campaña de alfabetización, por encima y por debajo de ella y de una vasta acumulación de elementos antropológicos y sociológicos utilizados sin el menor énfasis, a diferencia de lo que acarrean otras empresas análogas en Cuba y fuera de ella, surge el gran árbol de la invención y de la fantasía, se afirma la presencia de personajes que abarcan una rica y divertida gama de modalidades, caracteres, conductas, realidades e irrealidades... Para los ojos inocentes del brigadista Joaquín Iznaga, la Sierra y sus moradores se van abriendo en una comedia de magia que, al mismo tiempo, es violentamente real y telúrica y cubana y a tal punto explosiva que los episodios brotan de capítulo en capítulo como otros tantos detonadores que obligan a leer el libro de una sentada".

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, escribió en 1979, para la portada de la edición italiana de El Comandante Veneno: “Esta es la novela que me hubiera gustado escribir sobre Cuba”.

MARGUERITE YOURCENAR, escribió en una carta fechada el 25 de septiembre de 1983 en la isla Monts Desert, Maine, en Estados Unidos: "Don Manuel Pereira, muchas gracias por su bello análisis grafológico de mi firma y por la admiración que usted siente por mis libros..."

ÁNGEL RAMA, reflexionando sobre la influencia del testimonio en la nueva narrativa latinoamericana el crítico uruguayo afirmó que “alcanzaría desmesurados niveles en Cuba, desde la impecable versión fijada por Norberto Fuentes con Condenados de Condado (1968)… hasta la última en fecha, El comandante Veneno (1979), de Manuel Pereira”.
Tomado de: Ángel Rama, Crítica literaria y utopía en América Latina (selección y prólogo Carlos Sánchez Lozano) Editorial Universidad de Antioquía, pág. 89.

SEVERO SARDUY: "La novela Toilette pone el acento en lo que ha sido rechazado por los milenaristas de nuestra aséptica civilización, ya que no es sólo un acto literario, sino una provocación al decoro de la higiene y la sanidad, devenido el único valor de nuestra cultura". París, 1993.

JESÚS DÍAZ: "Manuel Pereira vive y ha escrito su deliciosa Toilette en Madrid... eso significa que la literatura cubana es una sola y goza de excelente salud donde quiera que se produzca". (Periódico ABC, Madrid, 23 abril 1993). 

RICARDO SERNA: "Pereira proyecta en Toilette un itinerario pletórico de leyendas, mitologías y fingidas vivencias personales. Su prosa nos parece bien llevada y de una envidiable lucidez creativa". (Diario "El librepensador", Zaragoza, 21 diciembre 2008).

ELISEO ALBERTO: "La trilogía donde Pereira cuenta la historia de ese niño, adolescente, joven, adulto soñador de La Habana que fue y sigue siendo Joaquín Iznaga alcanza en estas 558 páginas de insolación, de exposición, de confesión, una altura ética que sólo es posible cuando se escribe en y desde la libertad".  (La Crónica, Ciudad de México, 28 marzo 2006, sobre la novela Insolación).

EDUARDO GALEANO, le agradeció su ayuda en la lista de agradecimientos de su obra Memoria del fuego: "Gratitudes a Jorge Enrique Adoum, Ángel Berenguer, Hortensia Campanella, Juan Gelman, Ernesto González Bermejo, Nicole Rouan, César Salsamendi, Héctor Tizón, José María Valverde y Federico Vogelius, que leyeron los borradores de este libro y formularon valiosos comentarios y sugerencias; a Federico Álvares, Ricardo Bada, José Fernando Balbi, Álvaro Barros-Lémez, Borja y José María Calzado, Ernesto Cardenal, Rosa del Olmo, Jorge Ferrer, Eduardo Heras León, Juana Martínez, Augusto Monterroso, Dámaso Murúa, Manuel Pereira, Pedro Saad, Nicole Vaisse, Rosita y Alberto Villagra, Ricardo Willson y Sheila Wilson-Serfaty, que facilitaron el acceso del autor a la bibliografía necesaria; a José Juan Arrom, Ramón Carande, Álvaro Jara, Magnus Mörner, Augusto Roa Bastos, Laurette Sejourné y Eric R. Wolf, que respondieron consultas; a la Fundación AGKED, de Alemania Federal, que contribuyó a la realización de este proyecto; y especialmente a Helena Villagra, que fue la crítica implacable y entrañable de estos textos, página tras página, a medida que nacían":

ANDRÉS REYNALDO: "Insolación es la crónica de un colosal fraude histórico visto con los inocentes y por tanto implacables ojos de un joven que perdió su piel en la utopía. Dicho así, todo parece menos doloroso, menos inmoral. Pero en estas páginas se huele la sangre detrás de la entusiasta escenografía y se pierden las esperanzas (la misma esperanza de vivir) en medio de una carcajada. Con mano maestra, Pereira ha definido esos contrastes. ¿Qué más puede pedirse a un novelista?" (El Nuevo Herald, 11 febrero 2007).

ANDRÉS REYNALDO: "La buena literatura destila los mayores saberes psicológicos, sociológicos y políticos. En estos cuentos de Pereira, escritos con una de las principales prosas del actual idioma español, La Habana Vieja posa de cuerpo completo. Vale agregar: desnuda. La Habana Vieja es el tópico principal de la literatura del período castrista. [...] Uno de los fundadores de ese canon es Manuel Pereira". (El Nuevo Herald, Miami, 9 marzo 2008, sobre "Mataperros").

ELISEO ALBERTO: "Un Viejo Viaje, novela cuidadosamente publicada por Textofilia Editores... recoloca a Pereira en donde siempre debió estar: en la vanguardia de la literatura latinoamericana contemporánea".  (Laberinto, suplemento cultural del diario Milenio, Ciudad de México, 25 septiembre 2010).

10 marzo 2013
YOANI SÁNCHEZ, joven filóloga y bloguera de la libertad, nombrada "Héroe de la libertad de prensa en el mundo" (IPI), y ganadora de los premios Príncipe Claus y Periodismo Digital Ortega y Gasset, ha publicado constantes tweets sobre Manuel Pereira. Aquí dejamos los más importantes:

16 abril 2013: @ManuelPereiraQ Amigo, gracias por los hermosos días que me regalaste en #Mexico



10 marzo 2013: A mi amigo el escritor Manuel Pereira lo han acreditado como "Generación Y" Qué simpático!

9 marzo 2013: Con el escritor cubano Manuel Pereira en #Puebla  



17 febrero 2013: N #Cuba Y que mejor lectura para llevarme que #UnViejo Viaje de Manuel Pereira   
21 julio 2011: #cuba #GY Pereira "Por doquier amenaza, represion, coaccion... gravitando... durante 5 decadas, sobre psiquis de 3 generaciones de cubanos".
21 julio 2011: #cuba #GY Escribe Pereira "Fidel Castro nunca fue un gobernante ante sus ciudadanos, sino un jefe ante batallones de subordinados".
21 julio 2011: Excelente ensayo de Manuel Pereira "Gritos, gestos y emblemas"http://ping.fm/Fq1oI
7 abril 2011: #cuba #GY "Gusto para los oidos y placer para los ojos. Manuel Pereira se ha abierto blog".
12 febrero 2011: #cuba #GY "Aprovecho el descanso del sábado para leerme un libro magnífico "Un viejo viaje" del escritor cubano Manuel Pereira. Ya les contaré".



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UN VIEJO VIAJE
Por Eliseo Alberto

La lectura de Un viejo viaje (Textofilia, 2010) la nueva novela del habanero-chilango Manuel Pereira, viene a reafirmar una sentencia que aprendí a apreciar en mi ya largo exilio mexicano: el regreso es un movimiento físicamente imposible. O dicho de otra manera: nadie regresa, siempre se va. Se va de La Habana a Madrid y se va, luego, de Madrid a La Habana. ¿Quién vuelve sobre sus pasos? La vida está delante; atrás, el limbo de la memoria. Algunos prefieren no mirar hacia el pasado porque se corre el peligro real de convertirse en arena, con todos los olvidos petrificados.

Bien lo sabe Manuel Pereira, que se ha pasado la vida fugándose: fue de La Habana a París y fue de París a La Habana y volvió a ir de La Habana a Barcelona y de Barcelona a la España profunda y de ahí al amable México, donde ha retomado con fuerza su carrera de escritor y en cinco años ha publicado cuatro títulos magníficos: las novelas Un viejo viaje e Insolación, el libro de cuentos Mataperros y un tomo de ensayos, Biografía de un desayuno. La Universidad Iberoamericana le ha permitido ejercer como profesor —y yo, que lo conozco bien, me atrevo a asegurar que el noble oficio de maestro, el encuentro diario con sus jóvenes discípulos, es el principal aliciente que tuvo este cubano errante para desempolvar sus manuscritos y sentarse a escribir, desde la tranquilidad, una obra literaria de primerísimo nivel.

Manuel Pereira descubre su vocación de escritor al final de dos caminos que emprendió siendo muy joven: la lectura y el periodismo. Tuvo suerte. Su maestro y amigo José Lezama Lima puso en sus manos tomos imprescindibles de la literatura universal —y desde entonces, Manuel no ha parado de devorar palabras. Por esos azares de la vida, un buen día entró a trabajar en la Revista CUBA Internacional, donde pronto se convirtió en uno de sus reporteros estrellas. Esa fusión explica sus primeros títulos: las novelas El Comandante Veneno, El Ruso y Toilette, y el libro de ensayos La quinta nave de los locos —y todos merecen el reconocimiento de la crítica y de sus muchos lectores. Manuel Pereira es un narrador sólido cuando llega a Europa sin saber que, para él, el exilio iba a resultar una avalancha de soledad. Alguna tarde lo visité en su buhardilla catalana, un altillo que más bien parecía la garita de un francotirador. Manuel estaba atrincherado en la tristeza. Varios amigos lo convencimos y por fin se decidió a probar fortuna en México. Era el destino final de su viejo viaje hacia sí mismo.

De todo ello habla su nueva novela. El pintor Lucio Gaitán está en el aeropuerto de Barajas. Una pregunta lo atormenta: ¿regresa a La Habana o se queda para siempre en Madrid? Para responderse, repasa su vida de arriba abajo, con impresionante honestidad. A esa confesión corresponde, como debe ser, una prosa limpia de polvo y paja, un oficio depuradísimo que hace malabares preciosos con un vocabulario enriquecedor y sorprendente. Manuel convence porque su escritura no pierde tiempo en oraciones huecas, aun cuando la anécdota a veces se aleja del centro narrativo, en la búsqueda constante de altura poética o profundidad en el análisis. Manuel sabe que un árbol es la suma de sus ramas, y las va arrancando una a una como quien deshoja un almácigo y no una rosa. Acá se mezcla la memoria de una generación con sus mitos, miedos y ficciones, al tiempo que se entrecruzan personajes reales e imaginarios en un mismo escenario —que Pereira insiste en comparar con un Zoológico humano.

Esta novela, cuidadosamente publicada por Textofilia Editores, en su colección Lumia, recoloca a Pereira en donde siempre debió estar: en la vanguardia de la literatura latinoamericana contemporánea.



(*) Publicado en Laberinto, suplemento cultural del diario Milenio, Ciudad de México, 25 de septiembre del 2010. 


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LAS TENTACIONES DE LUCIO GAITÁN
Por Tania Favela

“Es cada vez más raro encontrar personas que sean capaces de contar algo bien. Es cada vez más habitual que la propuesta de contar historias cause enfado entre los presentes. Es como si nos hubieran arrancado una facultad que nos parecía inalienable: la facultad concreta de intercambiar experiencias.” La idea anterior es de Walter Benjamin, y me parece pertinente hoy, porque  Pereira, en Un viejo viaje  (y éste es uno de los rasgos más seductores de su texto), nos habla de su experiencia y de la experiencia de otros: experiencias escuchadas o vividas son, en fin, el material de trabajo de Manuel Pereira.
Un viejo viaje narra no uno, sino muchos viajes distintos: los viajes de Lucio Gaitán (protagonista de la novela) a París, Alemania, España, Moscú; el viaje de su abuela, en el que sigue, de continente a continente, de país a país, a su esposo, hasta que ya cansada, decide quedarse, con todos sus hijos, en Cuba. Surgen también, entre las páginas de la novela, diversas visiones del viaje: el viaje como deseo, como huída, el viaje como una liberación, la muerte como un viaje (las maletas le recuerdan a Lucio, ataúdes). Hay otros viajes más sutiles, como el de la hoja garabateada que desde el principio de la novela viaja por el aeropuerto, hasta llegar, a las últimas páginas, revelándonos su secreto; o incluso, el viaje de las palabras, el gusto del autor por las etimologías, las asociaciones, que transforman por momentos a la narración en ensayo y al ensayo de regreso en narración (un viaje entre los géneros). Está además el viaje de los nombres, el de Lucio, que viaje de la novela Toilette a Un viejo viaje, o el de Joaquín Iznaga, protagonista de Insolación, o el propio nombre de Manuel Pereira, que viaja al interior de su novela en los libros que compra Lucio Gaitán para regalar a un par de amigos (viajes entre la realidad y la ficción). Pero quizás, el más importante de estos viajes, es el mítico viaje de regreso de Ulises a Ítaca. El canto de las sirenas aparece en Un viejo viaje al principio, en medio y al final, tentando a Lucio para que no regrese a su hogar.
Toda vida, parece decirnos Pereira, es un viaje de regreso. ¿A dónde?...a la patria; pero la patria (y Pereira lo dice en su novela Toilette), no es una zona geográfica determinada, ni una forma de gobierno, ni un sistema económico: la patria es la infancia, el lugar de nuestros afectos, y podríamos aventurarnos un poco más allá diciendo que la patria, para Pereira, es la lengua. Es en ella en donde ha fincado su casa y es ahí donde se siente a sus anchas.  No sólo en Un viejo viaje, sino es sus otras novelas y en sus ensayos,  percibimos ese amor a las palabras, ese gusto por la sonoridad de las mismas, ese interés por jugar con ellas, con sus significados, por meditarlas a fondo. Y aquí quiero recordar las palabras de Juan José Saer como apoyo de mi reflexión: “lengua, sensación, afecto, emociones, pulsiones, sexualidad, de eso está hecha la patria de los hombres, a la que quieren volver continuamente y a la que llevan consigo donde quiera que vayan.”
Habría muchas otras cosas que decir sobre esta novela: podría hablarse, por ejemplo, de los distintos homenajes que aparecen a escritores y pintores con los que seguramente Periera siente afinidad, (Lautréamont, Baudelaire, Kafka, Magritte, Picasso, Pissarro, entre muchos otros). Uno de los homenajes más conmovedores es el que le brinda, no a un artista, sino al dirigente soviético Nikita, a quién Lucio visita en su tumba, tomando, por cierto, unas flores prestadas de la tumba de Maiakovski. También sería interesante hablar del cruce que hace Pereira con la novela policíaca, dándole a su lector algunas pistas que mantienen el suspenso hasta el final y le permiten, al mismo tiempo, entretejer la trama. El humor es otro elemento importante dentro de Un viejo viaje, ayuda en momentos a suavizar la tensión o a dar un giro insospechado a ciertas situaciones. Otros temas a tratar podrían ser la reflexión constante en torno al arte o el gusto por las mitologías que funcionan como puntos de partida del texto de Pereira, y obviamente, no podría dejarse de señalar, en el centro de la novela, como columna vertical, la lúcida crítica, tanto al comunismo como al capitalismo y los dilemas en los que ambos sitúan al hombre.
Pero más allá de lo político o social, más allá de todo lo anterior, me interesa volver a insistir, y con ello vuelvo al inicio de mi texto, en la capacidad de Pereira de contar historias cargadas de afectividad, que aunque no nos competan directamente, se vuelven, irremediablemente, experiencias para nosotros, sus lectores, que finalmente estamos también en el viaje de la vida y que, después de la lectura, quedan arraigadas en nosotros como historias para seguir contando.
Como toda buena novela, Un viejo viaje abre muchas puertas de entrada para el lector; yo he intentado abrir, en esta lectura, algunas que espero aporten algo a las lecturas ya realizadas o por venir de los futuros lectores.

(*) Tania Favela es poeta, ensayista, traductora y profesora de literatura. Texto leído por ella durante la presentación de la novela de Manuel Pereira en la Universidad  Iberoamericana, Ciudad de México, el 25 de noviembre de 2010.
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LAS FUGAS Y REGRESOS DE LUCIO GAITÁN
Por Carlos Olivares Baró

Viaje: (del lat. viaticu, via, ‘camino’). Ida de un lugar a otro. Cambio de ubicación. Traslado. Expedición. Periplo. Derrotero. Peregrinación. Huida. Travesía. Ronda. Andanza. Caminata. Partida. Exploración. Fuga. Itinerario. Rumbo. Emigración. Inmigración. Excursión. Exilio. / Viaje Interno: recorrido a nivel intelectual o espiritual. Cambio dentro del ser humano. Modificación del ser. Inxilio / Viaje y literatura: el viaje como necesidad de contarlo. Viaje ficticio. Grecia, libros de itinerario. Edad Media, guías de peregrinos. Siglo XIV, libros de viaje (realidad y ficción). Siglo XVIII, libros de viajes ilustrados. / Odiseo y su regreso a Ítaca. Marco Polo y la ruta de la seda. Cristóbal Colón y el mar. Hernán Cortés y las naves…
Manuel Leonel Pereira Quinteiro (La Habana, 1948) es un viajero literario incansable. Peregrinación que asume en los riesgos de una escritura que se abalanza sobre las rendijas de la reminiscencia para entregarnos un cosmos desbordado de insólitas metonimias iconográficas. El Comandante Veneno (1977), exploración por la aventura de la campaña de alfabetización en la Sierra Maestra de Cuba, 1961; El Ruso (1980), ronda, revisión política, que se convierte en una suerte de indagación de los entusiasmos juveniles que despertó la revolución de Fidel Castro; Toilette (1993), periplo, marcha alucinada y extravagante en busca de un retrete que se vislumbra en El Jardín de las delicias de El Bosco; Insolación (2006), itinerario de la tragedia cotidiana —desvalorización humana y moral de la Cuba castrista— que desemboca en el periodo especial desde la mirada del joven Joaquín Iznaga que se niega a aceptar una beca del Comandante. Cuatro novelas de pujas autobiográficas que son viaticu, camino, andanzas: testimonio de las mutaciones y acosos padecidos por varias generaciones de cubanos.
Pereira es un novelista de casta. Desde los 70 se empeñó en un proyecto narrativo de absoluto rigor. Nunca olvido sus premuras y afanes, su disciplina. “La literatura es un destino, una encrucijada, un derrotero. Aquí te entrego El Ruso, pero esto no termina. Ya tengo la que sigue, El 231, en la que trataré el tema del servicio militar y así completar una tetralogía que cuenta hasta cierto punto, mi formación, un poco de mi vida, mis avatares…”, me dijo en conversación que sostuvimos una tarde mientras caminábamos por San Juan de Dios, La Habana Vieja, 1980.
Circula en librerías Un viejo viaje (Textofilia Ediciones, Colección Lumía, 2010) y el alucinado protagonista de Toilette, el pintor Lucio Gaitán, reaparece “extraviado entre la selva y el zoológico”, en el vestíbulo de Barajas: “bolsa salchicha en bandolera y dos maletas abultadas como cadáveres inflados de fuego fatuos”. Después de transitar por comarcas demoníacas y placenteras —y en fuga fantasmagórica: entradas y salidas del tríptico de El Bosco— Lucio Gaitán se enfrenta a la disyuntiva de “si debía o no subir el avión de regreso a La Habana”. Hijo Pródigo que vacila. Hijo Pródigo que regresa, desde su vagabundeo en la geografía de las evocaciones, para rehacer lo que fue en la impostergable presencia del hoy.
“Pertenezco a una generación muy acusada. Me interesa el carácter, la sicología de esa generación… la fase utopista, sueño e idealismo, Unión Soviética y periodo especial: el proceso cubano es mi tema; siempre estoy escribiendo sobre eso”, explica el autor de Biografía de un desayuno. Texto que se debate entre la crónica, el ensayo, el apunte, la viñeta, el poema en prosa y la narración en un derrame de anécdotas que posiblemente, algunos lectores ubiquen en el ámbito de lo absurdo. La “marisma surrealista” de las circunstancias sociales y políticas de la Cuba actual, se convierte —en la caligrafía de Pereira— en inventario tasado por fulgores de un espejo penitente. Sombras humorísticas de acuciante tristeza.
Estos viajes del pintor Gaitán revitalizan y confirman la pujanza de la obra del autor de La quinta nave de los locos. Un Manuel Pereira vital, sarcástico, paródico, ineluctable: fincado en las coordenadas de los mejores acuses de la narrativa cubana.

(*) Publicado en La Razón de México, 11 septiembre 2010.
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8 comentarios:

  1. Gran obra de Manuel Pereira. Un verdadero honor que poetas como Lezama y escritores como Cortázar escriban esos halagos sobre su obra!

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  2. Iré a comprar su novela Un Viejo Viaje!!

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  3. Muy buenos comentarios críticos

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  4. Interesante escritor. Ayer termine de leer Un Viejo Viaje y me quede con ganas de conseguir Insolacion, alguien sabe donde puedo conseguirla?

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    Respuestas
    1. Insolación está agotada (probablemente salga una nueva reedición pronto). Sin embargo, actualmente se puede conseguir en la biblioteca de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. ¡Saludos!

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  5. Maravilloso el onitorrinco, absurdo como hermoso. Karla Gutierrez Pita

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  6. El onitorrinco absurdo como hermoso, felicidades! !!

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  7. obras de Manuel Pereira para finanzas ersonales 88.9


    El Ruso. (Novela) Letras Cubanas: La Habana, 1980.
    –Toilette. (Novela) Anagrama: Barcelona, 1993.

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